Antecedentes
El entorno del 2003…
Además del Congreso Federal, el próximo 6 de julio se renuevan congresos locales, presidencias municipales y regidores en Campeche, Colima, Distrito Federal, Guanajuato, Morelos, Nuevo León, Querétaro y Sonora, amén de que en seis de ellos elegirán gobernador. Además, habrá elecciones en agosto, septiembre, octubre y noviembre, en San Luis Potosí, Veracruz, Tabasco y Jalisco. Un año intenso que pondrá a prueba la vigencia de los partidos políticos y en particular la idoneidad de los candidatos que en conjunto disputarán los cargos de elección popular.
En lo federal el entorno actual entre la ciudadanía es poco propicio para lo político. No es aventurado afirmar que no será fácil atraer al elector a las urnas. Las razones no se enlistan por obvias. Lo cierto es que estamos ante una coyuntura desfavorable a la convocatoria electoral y más cierto será que de lo que ocurra el 6 de julio, dependerá el siguiente pronóstico. Sin embargo a nivel regional, esto es en los procesos estatales, las cosas pueden ir un poco mejor.
¿La política ya no se puede dejar a los políticos?
La ciudadanización de la política es una tendencia que cobra fuerza después de la elección del 2000. Según esta idea, un candidato tendría mejores oportunidades si se presentara al electorado como "Juán Pueblo"; lo más alejado de la imagen del político. Sin embargo, cuidado. No olvidemos que el electorado vive hoy la "cruda" del cambio prometido por "Juán Pueblo". Hoy, quienes a esto se dedican, reconocen que la política y la administración pública no pueden improvisarse.
México requiere políticos con aptitudes, vocación, interés, conocimientos y experiencia en la cosa-pública. No basta el entusiasmo y las buenas intenciones.
En base a lo anterior, el presente escrito presenta una serie de consideraciones que pueden ser de utilidad a quienes aspiran a un cargo de elección popular. Para muchos políticos será un recordatorio. Para otros puede ser la base que les permita competir (sin "morir políticamente" en el intento) y avanzar en una carrera política con visión de horizonte.
La gente no sigue a las personas, sigue a las ideas…
Una contienda electoral, por importante que sea, no es definitiva para una carrera política. Se compite para ganar pero se puede perder. El reto es cómo construir un liderazgo en independencia de ganar o perder una elección.
Son innumerables los casos de políticos que han trascendido la derrota electoral y que ocupan un espacio importante en la vida nacional. Cuauhtemoc Cárdenas, Diego Fernández de Cevallos y Manuel Bartlet, son testimonios contundentes de esta afirmación. Su imagen, por controversial que sea, les confiere el rango de líderes. Cárdenas, Diego y Bartlet ejercen un liderazgo porque encarnan un proyecto; su nombre es sinónimo de una causa y su rostro la imagen de un ideario.
Conceptos básicos
Identidad Inherente…
En términos conceptuales la imagen del candidato debe construirse a partir de su propia identidad. Su imagen debe sintetizar sus aptitudes, vocación, experiencia y conocimientos. En campaña, la misión es develar su identidad inherente y propagarla entre seguidores, simpatizantes, el electorado y la sociedad.
El mensaje en campaña no son los temas que aborda el candidato. Tampoco es la forma en que lo expone. No. Los temas son referentes y las formas de exponerlos son lenguajes. El mensaje es él mismo candidato. De allí la sentencia inicial del escrito: un político debe encarnar un proyecto; su nombre debe ser sinónimo de una causa y su rostro la imagen de un ideario.
Si se construye la imagen del candidato a partir de su identidad, éste el no tendrá que usar "máscaras, disfraces o apariencias" que no le sean inherentes. Una característica puede ser defecto, pero también virtud. Todo dependerá de la forma en que se proyecte.
Esta reflexión es básica para el candidato, sobre todo cuando las encuestas indiquen cómo es el "candidato ideal" o cuando la coyuntura de una proceso electoral recomiende que la campaña se base en las necesidades más sentidas de la comunidad.
Visión y Misión…
Desde la perspectiva de las presentes consideraciones, la visión es estructural y la misión es coyuntural. Visión implica comprender el por qué y para qué se participa en política. Misión implica entender el qué, quién, cómo cuándo y dónde de la acción política (vr.gr. la campaña electoral). En política el objetivo es estructural porque el fin es permanecer. En una elección la meta (que no objetivo) es coyuntural porque el propósito (que no el fin) es ganar. Esta dicotomía explica por qué en su rol de candidato el político se apoya en recursos tácticos; en tanto que como político se sustenta en principios estratégicos.
Encarando el proceso electoral…
No obstante que una carrera política se construye en toda oportunidad de servicio a la comunidad, la contienda electoral es un espacio único e irrepetible. Un buen simil podría ser el de un examen profesional, en el que los sinodales son la autoridad en nuestra materia (que igualmente desconocen) y que a fin de cuentas nos aprueban o reprueban amparados en el anonimato de una boleta electoral. Y por si esto fuera poco, la mayoría de las veces nuestros "sinodales" emiten su voto prejuiciados por creencias y opiniones ajenas al examinado. Pero así es la democracia y así son las elecciones.
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